¿Pueden indígenas y grandes empresas colaborar?

20 Enero 2012

Escrito por Marc Dourojeanni

Oeco Noticias

http://www.oeco.com.br/es/noticias/25695-na-amazonia-esta-a-maior-area-protegida-da-europa

A fines de los años 1990 fue decidida la construcción del emprendimiento conocido como Gas de Camisea para explotar yacimientos ubicados al sur de la Amazonia en Perú. Se trata de la mayor inversión ya realizada para explotar y transportar gas en América del Sur, y también, de una obra de ingeniería desafiante, pues los gasoductos luego de salir de la planicie amazónica suben a casi 5 mil metros sobre el nivel del mar para llegar a la costa del país, donde están los centros de consumo y los puertos. A comienzos de los años 2000, los consorcios responsables por la iniciativa se acercaron a algunas organizaciones no gubernamentales para ayudar a crear un mecanismo de monitoreo ambiental y social comunitario . Pese a las muchas dudas tanto de indígenas y campesinos y de la sociedad civil, como de las empresas y de sus funcionarios, la inicialmente muy difícil experiencia se reveló bien sucedida.

El proyecto Gas de Camisea fue y continúa siendo objeto de innumerables críticas. La razón principal es que la explotación del recurso se ubica en un área que hasta hace poco más de una década era casi inalterada. La idea que en ese contexto pudiera irrumpir una inversión tan considerable puso los cabellos de punta a mucha gente alrededor del mundo. Luego de que el gobierno aprobó la concesión, incluso sobre tierra de los indígenas alejados, los ambientalistas y antropólogos hicieron todo lo posible para evitar que recibiera financiamiento de bancos multilaterales. El resultado fue la imposición de condicionalidades, como la prohibición de abrir caminos para instalar la red de gasoductos colectores en la zona de explotación determinando que toda la operación sea realizada con helicópteros. También fueron creadas áreas protegidas y la mayor parte de los territorios indígenas fue demarcada y titulada como comunidades indígenas.

Una de las condiciones de los bancos fue el inicio de un programa de monitoreo ambiental y social comunitario. La razón de establecerlo fue buscar disminuir la desconfianza de los indígenas en las informaciones que provenían del monitoreo realizado por la propia empresa, especialmente en lo que respecta a indemnizaciones por daños debido a accidentes. El monitoreo comunitario era visto por las empresas como un gesto de buena voluntad que reduciría los conflictos sociales.

Machiguengas antes do inicio da exploração do Gás de Camisea.

El primer problema fue respetar la línea de autoridad de los indígenas tanto dentro de las comunidades, como a nivel de sus federaciones y confederaciones. También fue necesario escoger personas con buen estado físico y dominio razonable de español. El siguiente paso fue transformar indígenas en monitores calificados, para observar toda clase de problemas en la propia planta de la empresa, plataformas de extracción, ductos y válvulas, además del campo social, como comportamiento de los obreros con las mujeres, respeto a las normas de navegación fluvial y aérea, consumo de bebidas alcohólicas, etc. Fue muy difícil y, en realidad, en los dos o tres primeros años el programa no aportó mucho resultado técnico. Sin embargo, cuando ya se disponía de un grupo bien entrenado y motivado, y fue posible equipar a los monitores con cámaras fotográficas, GPS, laptops, entre otras herramientas, la situación cambió drásticamente. Con gran capacidad de aprender, los monitores comenzaron a producir información compatible con las necesidades de la comunidad y también de las empresas.

En lo social las informaciones recogidas por los monitores han permitido documentar la velocidad que impregna los cambios económicos y sociales en las comunidades sometidas a esa situación, incluyendo las que pueden ser consideradas positivas como mejor educación, calidad de las viviendas, agua entubada, electricidad y salud, y las negativas, como el alcoholismo y la desestructuración familiar, además, claro, de la pérdida de las tradiciones seculares.

La información producida es vertida a un sistema de información disponible en internet. Todos los datos y fotografías son georreferenciados. Reuniones mensuales de los monitores con la presencia de los líderes de federaciones sirven para recapitular los problemas y recibir entrenamiento en nuevos temas, así como para planificar las actividades del próximo mes. Indígenas que aún no dominan bien el idioma español son capaces de hacer informes usando todo el pertrecho tecnológico disponible.

Son miles de ocurrencias insignificantes y gravísimas registradas en la última década. Desde basura doméstica abandonada y restos de material usado durante la colocación de los ductos hasta incidentes serios como fugas de gas, mortalidad de peces en los ríos, vuelos rasantes y caída de cestos de helicópteros, accidentes fluviales, abusos sexuales y peleas entre obreros o entre estos e indígenas.

Obviamente es la empresa la que cubre los costos de los programas. Este hecho, sin embargo, no comprometió su independencia, como se temía al principio. La supervisión es realizada periódicamente por organismos públicos y por los bancos que financiaron el emprendimiento. Los propios indígenas conocen el presupuesto y fiscalizan el trabajo técnico facilitado por la ONG que es elegida de común acuerdo. De cualquier manera, sería conveniente que el monitoreo comunitario fuera obligatorio por ley, y no voluntario como hasta ahora. Los principales problemas con las empresas han sido la demora de éstas en renovar los contratos con la ONG ejecutora y su mezquina propuesta presupuestaria para el programa.

El éxito del monitoreo fue confirmado cuando, hace varios años, sus informes fueron requeridos con prioridad por los departamentos de operaciones y mantenimiento de las empresas. Luego de la desconfianza inicial de los técnicos de las empresas sobre lo que “aquellos salvajes” podían aportar, descubrieron que los monitores indígenas, que conocen el terreno, que recorren a pie y metro a metro en el 100% de la longitud de los ductos, por lo menos una vez al mes y que son avisados de cualquier problema de inmediato por los habitantes, constituyen el mejor y más económico sistema de alerta y prevención de desastres. Informan sobre procesos erosivos que desnudan los ductos, aluviones en medio del bosque que nadie más ve, y de otras situaciones similares, como ductos y válvulas con fugas y otros tantos. Al contrario, las muy costosas revisiones técnicas son efectuadas a cada tres o más meses, por muestreo, con mucha menos intensidad que las de los monitores indígenas. Hoy, los informes de los monitores son prioridad diaria de los ingenieros.

Pese a que muchas veces los informes de los monitores han provocado reclamos de miembros de la comunidad contra las empresas, justificando indemnizaciones, también se dieron casos en que los monitores se mantuvieron firmes en demostrar que algunos problemas no estaban relacionados con la explotación de gas. Tuvo mucho eco una mortalidad de peces que, a priori, fue atribuida a fugas de hidrocarburos, lo que según el monitoreo, no parecía probable. Investigaciones posteriores demostraron que, realmente, la contaminación era de origen natural. La lealtad de los monitores se ha orientado estrictamente con la verdad y esa actitud está siendo respetada por todos.

Interesante fue constatar lo que el trabajo de monitoreo ambiental ha hecho para la mejora de calidad de vida de las comunidades indígenas. El buen comportamiento ambiental ya no es tan solo lo que se reclama de las empresas, pero lo que esa sociedad se impone a si misma. Los monitores se han convertido en referencia para las comunidades y sus presentaciones periódicas de resultados han estimulado cambios de actitud notorios como la colecta selectiva de basura. Varias comunidades ya instituyeron una secretaria de medio ambiente dentro de sus direcciones y lo mismo está sucediendo a nivel de federaciones.

Luego de diez años de funcionamiento todo indica que el monitoreo ambiental y social comunitario está para para quedarse. Ningún conflicto grave que pueda ser atribuido a incidentes ambientales o sociales ha hecho temblar las relaciones de las empresas y sus vecinos indígenas. El beneficio ha sido mutuo. Por lo menos en el caso de Gas de Camisea, la convivencia y la colaboración mutua de los indígenas y de las grandes empresas parecen tener un buen futuro. Es, así, uno de esos ejemplos tan escasos en la Amazonia.

*La Fundación ProNaturaleza fue seleccionada para conducir el programa de monitoreo por los tres consorcios del proyecto Gas de Camisea. Esta nota resume una evaluación de los diez años de monitoreo comunitario en la sección amazónica. El monitoreo también es realizado con comunidades campesinas en Sierra y Costa, asunto que no es tratado en esta síntesis.

Anuncios
Minientrada | Esta entrada fue publicada en Noticias y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s